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sobre Santurdejo
Pequeña localidad vecina a Santurde; tranquila y con arquitectura tradicional.
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A las cinco de la tarde, la luz cae en ángulo sobre las paredes de piedra de Santurdejo y el silencio se llena con el crujido de las hojas secas bajo los pasos. No hay mucho más que calles estrechas y casas que han ido envejeciendo despacio, algunas con la pintura gastada y otras con cortinas que dejan ver que aún hay vida dentro. A algo más de setecientos metros de altura, entre campos de cereal, algunas viñas y manchas de monte bajo, el pueblo aparece sin grandes gestos: un puñado de casas, una iglesia y el horizonte abierto de la Rioja Alta.
Aquí no hay prisa. Se camina despacio, escuchando cómo el viento se cuela por las esquinas y mueve alguna persiana mal cerrada.
La iglesia de San Torcuato
La iglesia de San Torcuato ocupa el centro del pequeño entramado de calles. El edificio actual es reciente: se levantó hace pocos años después de que la anterior iglesia desapareciera. No es grande ni especialmente ornamentada, pero cumple ese papel que en los pueblos pequeños es casi inevitable: marcar el punto alrededor del cual se organiza todo.
Desde la plaza se ven las casas más antiguas, con portadas de piedra y dovelas irregulares, muros que mezclan reparaciones de distintas épocas y ventanas que han cambiado más de una vez de forma y tamaño. Si te fijas, muchas fachadas conservan marcas de antiguas ampliaciones: piedras distintas, líneas que no terminan de coincidir.
Caminar entre cereal y viña
Santurdejo se recorre en muy poco tiempo, pero merece la pena hacerlo despacio. Hay rejas con macetas apoyadas, puertas de madera oscurecida por los años y paredes donde el yeso se ha ido cayendo dejando ver la piedra.
Al salir del casco urbano empiezan enseguida los caminos agrícolas. Son pistas de tierra que se meten entre parcelas largas y rectas. En verano el cereal ya cortado deja un olor seco, casi a paja caliente; en otoño el paisaje cambia con las viñas y la tierra removida.
Si levantas la vista, no es raro ver alguna rapaz planeando. A veces un cernícalo se queda quieto en el aire unos segundos antes de dejarse caer hacia el campo.
La cultura del vino está presente en todo este entorno, aunque aquí se percibe más en el paisaje que en forma de visitas organizadas: pequeñas parcelas de viña mezcladas con cereal y bodegas tradicionales repartidas por los alrededores.
Cuándo acercarse
Con un par de horas basta para recorrer el pueblo y caminar un poco por los caminos cercanos. La mejor luz suele llegar al final de la tarde, cuando el sol baja sobre los campos y las sombras alargan las líneas de las parcelas.
En pleno verano conviene evitar las horas centrales del día. El calor se queda pegado a la piedra y apenas hay sombra en las calles.
Santurdejo suele encajar mejor como una parada breve mientras se recorren los pueblos de la zona de Santo Domingo de la Calzada. No busca llamar la atención: está ahí, tranquilo, rodeado de tierra cultivada y con el ritmo lento de los lugares donde viven menos de cien personas.