Artículo completo
sobre Valgañón
Pueblo de montaña próximo a Ezcaray; destaca por su iglesia románica y acebales.
Ocultar artículo Leer artículo completo
A primera hora de la mañana, cuando las nubes todavía se quedan enganchadas en las laderas de la sierra y el aire huele a tierra húmeda, Valgañón aparece entre los árboles unos kilómetros más arriba de Ezcaray. La luz llega tarde aquí. Primero toca los prados del valle del Oja y después va trepando poco a poco por las fachadas de piedra y madera. A esa hora apenas se oye nada más que algún coche que pasa hacia el monte y el sonido del agua corriendo por las regatas.
Valgañón es pequeño —poco más de un centenar de vecinos— y eso se nota enseguida. No hay grandes plazas ni un casco compacto; las casas se reparten en calles cortas que suben y bajan suavemente, con tejados de teja rojiza y muros de piedra oscurecida por los inviernos largos de la Sierra de la Demanda.
Pasear por el pueblo
El pueblo se recorre en poco tiempo, pero conviene hacerlo despacio. Hay portadas de piedra con dinteles gastados, balcones de madera que crujen cuando sopla el viento del norte y pequeños huertos pegados a algunas casas donde todavía se ven gallinas o herramientas apoyadas contra la pared.
La iglesia de San Martín de Tours se levanta en uno de los puntos tranquilos del pueblo. Es un edificio sobrio, de piedra, sin grandes adornos. Suele estar cerrada fuera de los momentos de culto, algo habitual en pueblos de este tamaño, pero basta rodearla para ver cómo encaja con el resto del caserío y con las montañas que asoman detrás.
En días claros, desde varias calles se abre el paisaje hacia las laderas boscosas que rodean el valle. Hayas, robles y pinos mezclados, con cambios muy marcados según la estación: verde intenso en primavera, sombra fresca en verano y una mezcla de ocres y amarillos cuando llega el otoño.
Caminos que salen hacia el monte
Más allá de las últimas casas empiezan las pistas forestales. Algunas siguen el curso de pequeños arroyos; otras suben entre praderas donde a veces se oyen cencerros a lo lejos. No hace falta hacer rutas largas para notar el cambio: en pocos minutos el pueblo queda atrás y solo quedan bosque y silencio.
La zona forma parte del entorno de la Sierra de la Demanda, así que los caminos tienden a ganar altura. Aunque muchos tramos son cómodos, el terreno puede volverse resbaladizo después de lluvias o nieve, algo bastante común buena parte del año. Un calzado con suela decente se agradece.
A primera hora o al caer la tarde no es raro ver movimiento entre los árboles. Corzos y jabalíes están presentes en estos montes, aunque la mayoría de las veces lo único que se encuentra son huellas en el barro o ramas recién movidas.
La relación con Ezcaray
Valgañón vive muy cerca de Ezcaray, a apenas unos minutos en coche, y eso marca su ritmo. Muchas cosas cotidianas —compras, gestiones, bares— se hacen allí. El pueblo, en cambio, mantiene un ambiente más tranquilo, casi de borde de monte.
Por eso, quien llegue hasta aquí suele combinar ambas cosas: el movimiento del valle y la calma de las calles pequeñas donde el ruido más constante puede ser el de un tractor pasando despacio.
Cuándo acercarse
El otoño es probablemente cuando mejor se entiende este paisaje. Las laderas que rodean el pueblo cambian de color semana a semana y el aire suele oler a hoja húmeda y leña. En invierno el ambiente es más duro: frío, días cortos y, a veces, nieve.
Si vienes en verano, lo más agradable suele ser moverse temprano por la mañana o al final de la tarde. A mediodía el sol cae directo sobre el valle y las pistas sin sombra se hacen más largas de lo que parecen.
Llegar a Valgañón
Desde Logroño el camino habitual pasa por Nájera y continúa hacia Ezcaray. A partir de ahí una carretera comarcal sube unos kilómetros más hasta Valgañón, con curvas suaves y tramos rodeados de bosque.
Aparcar cerca del centro suele ser sencillo si se respetan los espacios habilitados. Las calles son estrechas y no siempre permiten maniobrar con comodidad, así que lo más práctico suele ser dejar el coche al entrar y seguir a pie.
Valgañón no gira alrededor de monumentos ni de actividades constantes. Lo que hay aquí son casas antiguas, caminos que se meten en el bosque y una sensación bastante clara de estar en la parte alta del valle, donde la montaña empieza a mandar sobre el reloj. Un lugar para caminar un rato, mirar alrededor y dejar que el silencio haga el resto.