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sobre Eslava
Conocido por el yacimiento romano de Santa Criz; pueblo agrícola en la baja montaña
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A primera hora, Eslava suena a pasos sobre grava y a alguna puerta que se abre despacio. Desde los caminos que llegan al pueblo se ven lomas suaves, casi siempre cubiertas de cereal y viña, con colores que cambian mucho según la estación: en verano el campo se vuelve pálido y seco; en primavera aparecen parches de verde más oscuro alrededor de las viñas. Cuando el sol todavía está bajo, las fachadas de piedra del casco reflejan una luz clara que resbala por las esquinas y deja sombras cortas bajo los aleros.
La iglesia de San Martín, en el centro del silencio
Entre las casas aparece la iglesia parroquial de San Martín de Tours, con muros gruesos y un aire sobrio que encaja bien con el tamaño del pueblo. Hay elementos que suelen atribuirse a etapas románicas —ventanas pequeñas, piedra pesada— mezclados con reformas posteriores.
Si la puerta está abierta, el interior mantiene esa penumbra fría típica de las iglesias rurales: olor leve a madera antigua, retablos añadidos en épocas distintas y el eco de cualquier paso sobre el suelo. No hace falta mucho tiempo aquí; basta con quedarse quieto un momento y dejar que el silencio haga lo suyo.
Calles cortas, detalles en las fachadas
El casco de Eslava se recorre en poco más de diez minutos. Las calles son rectas, con casas de piedra bastante sobrias. En algunas portadas aparecen escudos o fechas grabadas en los dinteles; otras conservan puertas de madera gruesa, con la veta marcada por el sol y los inviernos.
No hay grandes monumentos ni carteles explicativos. La gracia está en fijarse en esos detalles pequeños: una inscripción casi borrada, una reja antigua, el sonido de una radio que sale por una ventana entreabierta a media mañana.
Caminos entre cereal y viñas
Al salir del núcleo urbano empiezan enseguida los caminos agrícolas. Son pistas de tierra que bordean parcelas de cereal y pequeñas hileras de viñedo. En otoño, cuando el grano está seco, el viento mueve las espigas con un roce continuo que se oye a varios metros.
No hace falta plantearse una ruta larga. Caminar un tramo, girarse y mirar el pueblo desde fuera ya da una buena perspectiva: las casas bajas, la torre de la iglesia sobresaliendo y, alrededor, el campo abierto de la comarca de Sangüesa.
Fiestas y momentos del año
Las celebraciones locales suelen girar en torno a San Martín, hacia noviembre, cuando el frío ya se nota por la zona. También en agosto el pueblo recupera algo más de movimiento con reuniones y actos que reúnen a gente que vuelve esos días. En fechas de Semana Santa se mantienen celebraciones religiosas de ritmo tranquilo, como ocurre en muchos pueblos de Navarra.
Si tienes poco tiempo
Con un par de horas basta para hacerse una idea de Eslava. Lo más sensato es dejar el coche a la entrada, cruzar el casco despacio y acercarse a la iglesia si está abierta. Después, tomar cualquiera de los caminos que salen hacia el campo y caminar unos minutos entre parcelas de cereal o viña antes de volver.
Un detalle práctico: en verano el calor del mediodía cae fuerte sobre esta zona abierta y apenas hay sombra. Si puedes elegir, ven temprano o ya al final de la tarde. Y mejor entender la parada aquí como parte de un recorrido más amplio por la comarca; Eslava funciona bien como pausa breve, de las que se recuerdan por el silencio y el paisaje alrededor.