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sobre Lumbier
Puerta de la espectacular Foz de Lumbier; villa con historia romana y centro de interpretación de la naturaleza
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Hay sitios que se entienden en cinco minutos. Aparcas, caminas un poco y de repente el paisaje cambia de escala. Eso pasa con el turismo en Lumbier: llegas pensando en ver un pueblo tranquilo del prepirineo navarro y, en cuanto te acercas a la Foz, el paisaje se abre como si alguien hubiera rajado la montaña con un cuchillo enorme.
Lumbier (unos 1.300 habitantes), en la comarca de Sangüesa, está a unos 45 minutos en coche de Pamplona por la NA‑240. La mayoría llega por una razón bastante clara: la Foz de Lumbier. El río Irati ha ido excavando aquí un cañón de paredes casi verticales que rondan los 400 metros. Lo bueno es que no hace falta ser montañero para verlo de cerca. La antigua vía del ferrocarril se reconvirtió en sendero y hoy permite recorrer la foz caminando tranquilamente, atravesando túneles y siguiendo el río entre paredes de roca.
Si levantas la vista, es fácil ver buitres leonados planeando. A veces pasan tan cerca que da la sensación de que simplemente se dejan llevar por el aire, como una cometa que alguien ha soltado.
El pueblo en sí es pequeño y se recorre rápido. Casas de piedra, algunos blasones en las fachadas y calles tranquilas donde no pasa gran cosa. La iglesia parroquial de la Asunción mezcla gótico tardío con añadidos posteriores y guarda un retablo barroco bastante elaborado. Y cerca aparece el puente medieval sobre el Irati, que recuerda que este lugar fue durante siglos paso natural entre valles.
La Foz de Lumbier: el paseo que casi todo el mundo viene a hacer
Lo normal en Lumbier es sencillo: aparcar cerca de la entrada de la foz y caminar por el antiguo trazado del tren. No hace falta completar todo el recorrido para entender dónde estás. Con avanzar un rato entre los túneles y las paredes del desfiladero ya te haces una buena idea del sitio.
Es uno de esos paseos donde acabas mirando más hacia arriba que hacia delante.
Si llevas prismáticos, mejor. La zona suele ser buen lugar para observar aves rapaces, sobre todo a primera hora o al final de la tarde, cuando el calor empieza a bajar y el aire se mueve más.
Qué ver en el pueblo sin complicarse demasiado
Después del paseo por la foz, lo lógico es volver al pueblo y dar una vuelta rápida. Lumbier no requiere mucho tiempo.
Puedes acercarte al puente medieval, cruzar el río y callejear un poco por el centro. No hay un casco histórico monumental, pero sí ese tipo de calles donde aún se nota que el pueblo fue paso importante entre comarcas.
En una hora larga lo habrás visto prácticamente todo.
Un par de consejos que te ahorran molestias
Si vas en temporada con bastante movimiento, madruga. El aparcamiento cerca del acceso a la Foz de Lumbier suele llenarse rápido algunos días, y dar vueltas con el coche por la zona no tiene mucho misterio ni muchas alternativas.
También conviene llevar calzado cómodo. El camino es fácil, pero hay túneles, zonas de grava y algún tramo donde se agradece no ir con suela lisa.
Y aunque sea verano, mete algo ligero en la mochila. Dentro del desfiladero a veces corre aire y la sensación cambia bastante cuando te paras a mirar el paisaje.
Cuándo ir
Entre primavera y otoño suele ser cuando más gente se acerca a Lumbier. Hay más horas de luz y el paseo por la foz se hace con calma.
En verano el calor puede apretar, así que mucha gente entra temprano o al atardecer. Fuera de esos meses el lugar está más tranquilo, aunque los días son más cortos y conviene calcular mejor la hora de vuelta.
Llegar a Lumbier
Desde Pamplona el trayecto ronda los cuarenta y pocos minutos por la NA‑240. Es una carretera sencilla y bastante directa.
El acceso al sendero de la foz está bien señalizado y el pueblo queda a un par de minutos en coche. Si decides acercarte después del paseo, verás que el centro se recorre rápido y sin necesidad de mapa.
Lumbier, al final, funciona un poco así: vienes por la foz, te quedas un rato más de lo previsto y te vas con la sensación de haber visto uno de esos lugares donde la geografía manda más que cualquier guía turística. Y eso, en Navarra, suele ser buena señal.