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sobre Unciti
Valle de transición con varios concejos; destaca la Torre de Alzórriz y el entorno rural
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Recuerdo la primera vez que pasé por Unciti. Conducía sin prisa por una carretera secundaria y, de repente, el pueblo apareció en lo alto de una loma. Casas de piedra, campos abiertos alrededor y bastante silencio. Ese tipo de sitio en el que reduces la velocidad casi sin darte cuenta, como cuando pasas por delante de una casa antigua y te entra curiosidad.
Unciti está en la comarca de Sangüesa, a unos 580 metros de altitud. Viven poco más de doscientas personas. Las calles son cortas y el movimiento es mínimo. A veces solo oyes el viento entre los campos o un coche que arranca con calma. Pero pasa algo curioso: si cruzas mirada con alguien, lo normal es que te salude. Aquí las cosas funcionan así, sin mucha ceremonia.
La iglesia y su esquina con el pasado
La iglesia parroquial está dedicada a San Miguel Arcángel. El edificio se suele situar en el siglo XV, aunque ha tenido cambios posteriores. La torre es cuadrada, bastante sobria, con ventanas estrechas para las campanas.
Alrededor se entiende bien el tamaño del pueblo. Casas de piedra, balcones de hierro y portones grandes que parecen hechos para carros más que para coches. Hay dinteles con fechas grabadas y algún escudo gastado por el tiempo. No es un conjunto monumental, pero sí transmite esa sensación de pueblo que ha ido cambiando despacio.
Caminos entre cultivos y casas dispersas
El paisaje alrededor de Unciti es agrícola. Mucho cereal. Parcelas amplias que cambian de color según la estación.
Salen varias pistas de tierra desde el casco urbano. Algunas llevan a corrales antiguos o a casas dispersas. Otras conectan con pueblos cercanos de la zona. No están especialmente señalizadas, así que conviene ir con algo de orientación o simplemente caminar un rato y volver por donde viniste.
No esperes grandes montañas ni rutas exigentes. Son paseos tranquilos. Muros bajos de piedra, campos abiertos y, de vez en cuando, algún tractor trabajando. Es el típico lugar donde acabas fijándote en detalles pequeños: una herramienta vieja apoyada en una pared, una valla remendada, un perro que te observa sin moverse.
La comida: ingredientes sencillos en platos caseros
En esta parte de Navarra la cocina sigue muy pegada al producto. Verdura de temporada, legumbres, cordero y guisos que se hacen sin prisa. Platos como la menestra o estofados sencillos aparecen mucho en las mesas de la zona.
No es un lugar al que vengas buscando una escena gastronómica elaborada. Aquí la lógica es otra. Comida contundente, recetas de casa y vino navarro acompañando. Si hablas con gente del pueblo, es fácil que la conversación termine girando alrededor de huertas, cosechas o cómo se hacía tal plato hace años.
Fiesta con carácter agrícola
Las celebraciones del pueblo suelen girar en torno a San Miguel, hacia finales de septiembre, y también a San Isidro en primavera. Son fiestas pequeñas. Mesas largas, vecinos charlando y actividades muy ligadas al calendario agrícola.
No hay grandes escenarios ni multitudes. Más bien reuniones en la calle, comidas compartidas y ese ambiente de pueblo donde casi todos se conocen.
Qué hacer si solo tienes dos horas
Unciti se recorre rápido. Puedes dar una vuelta por el núcleo principal, acercarte a la iglesia y caminar un poco por alguno de los caminos que salen hacia los campos.
Mi consejo es sencillo: no tengas prisa. Aparca, camina sin rumbo diez o quince minutos y busca algún punto desde el que se vea el mosaico de cultivos alrededor. Cuando el día está claro, el paisaje se abre bastante.
Si vas en primavera o a principios de verano verás los campos muy verdes. En otoño predominan los tonos dorados. Y en invierno el viento se nota más, así que conviene ir bien abrigado si te animas a pasear.
Lo que raramente cuentas
Unciti no es un destino para pasar varios días seguidos. Se ve en una mañana tranquila. De hecho, suele tener más sentido como parada mientras recorres otros pueblos de la comarca.
No hay museos grandes ni infraestructura turística. Y, curiosamente, eso forma parte de su carácter. Vienes, das una vuelta, miras el paisaje y sigues camino. Como cuando paras unos minutos en mitad de un viaje solo para estirar las piernas y respirar un poco de campo. A veces con eso basta.