Cuando los árboles se incendian sin fuego
Hay unas semanas al año, entre octubre y noviembre, en que los bosques de España cambian de color. Los verdes se vuelven amarillos, naranjas, rojos. Las hayas parecen arder, los castaños dejan caer sus frutos, los robles se resisten hasta el último momento. Es el otoño, y vivirlo desde el pueblo adecuado es uno de los mejores planes que existen.
No hace falta ir a Nueva Inglaterra ni a Japón. España tiene bosques de hoja caduca que compiten con cualquiera del mundo. Solo hay que saber dónde están y cuándo ir.
Selva de Irati: el hayedo gigante
El segundo hayedo-abetal más grande de Europa está en Navarra, entre los valles de Aezkoa y Salazar. La Selva de Irati es un bosque de 17.000 hectáreas donde perderse es fácil y apetecible. En otoño, las hayas se tiñen de oro y cobre, y el suelo se cubre de hojas crujientes.
Ochagavía es el pueblo base ideal. Está a la entrada del valle de Salazar, tiene casas de piedra con tejados de pizarra, un puente medieval sobre el río Anduña y suficientes servicios para pasar un fin de semana. Desde aquí, las rutas hacia Irati son infinitas: cortas para familias, largas para caminantes, circulares, lineales.
Mejor momento: Última semana de octubre y primera de noviembre. El pico de color depende del año, pero esa ventana suele funcionar.
Aviso: Irati se ha puesto de moda. Los fines de semana de octubre hay que madrugar o resignarse a no encontrar aparcamiento.
Hayedo de Montejo: acceso controlado
El hayedo más meridional de Europa está a 90 kilómetros de Madrid. El Hayedo de Montejo es pequeño (apenas 250 hectáreas), pero su posición límite lo hace especialmente valioso. Aquí las hayas sobreviven en el borde de su área de distribución, agarradas a un microclima húmedo en plena sierra madrileña.
Las visitas están reguladas: hay que reservar con antelación y se entra con guía en grupos pequeños. La restricción tiene sentido: el hayedo es frágil y el interés, enorme. Si consigues plaza, la experiencia merece la pena.
Montejo de la Sierra es el pueblo de acceso. Es pequeño (menos de 400 habitantes), pero tiene bar, casa rural y el centro de interpretación del hayedo. Buen sitio para hacer base y explorar también la arquitectura negra de la zona.
Reservas: Se abren con semanas de antelación y vuelan. Planifica pronto.
Faedo de Ciñera: el haya que ganó el premio
En el valle del Bernesga (León), hay un hayedo pequeño con un árbol especial. El Faedo de Ciñera tiene un haya de más de 500 años que fue elegida "Árbol Europeo del Año" en 2017. Se llama Fagus (nombre científico del haya) y es un monumento vegetal.
El bosque en sí es una joya: hayas centenarias en una ladera que en otoño parece pintada. La ruta desde Ciñera es corta (unos 4 km ida y vuelta) y asequible para casi todos. El final, junto al árbol gigante, compensa cada paso.
Dato: Ciñera fue pueblo minero. La cuenca del Bernesga tiene historia de carbón que se nota en el paisaje y en los pueblos.
Castañares del Valle del Jerte
En el norte de Extremadura, el Valle del Jerte no solo es famoso por los cerezos en flor de primavera. En otoño, los castañares de las laderas explotan en amarillos y ocres, y el suelo se llena de erizos con castañas dentro.
Cabezuela del Valle es un buen centro de operaciones. Pueblo judío reconvertido en turismo rural, con calles empedradas, arquitectura tradicional y fácil acceso a las rutas de senderismo. La Garganta de los Infiernos, reserva natural con pozas y cascadas, está al lado.
Lo especial: La recogida de castañas. En muchos pueblos del valle dejan recoger las que caen al camino. Asar castañas por la noche, junto a la chimenea de una casa rural, es el plan perfecto.
Bosques de Muniellos: la reserva asturiana
Muniellos es el robledal mejor conservado de España. 5.000 hectáreas de robles centenarios, algunos con más de 400 años, en un valle asturiano que parece intocado desde la Edad Media. El acceso está regulado: solo 20 personas al día pueden entrar.
El pueblo más cercano es Cangas del Narcea, a unos 30 km del bosque. Es una villa con servicios completos: hoteles, restaurantes, supermercados. Desde aquí se gestionan los permisos de acceso a Muniellos.
Permisos: Se solicitan online y hay lista de espera. En otoño, reserva con meses de antelación.
Otros bosques que merecen el viaje
- Hayedo de Otzarreta (Vizcaya): Pequeño pero muy fotogénico. Hayas con formas retorcidas.
- Selva de Oza (Huesca): Hayedo pirenaico en el Valle de Hecho. Menos masificado que Ordesa.
- Fragas do Eume (A Coruña): Bosque atlántico con robles, alisos y un monasterio medieval.
- Bosque de Valsaín (Segovia): Pinares con ciervos. En otoño, la berrea se oye desde los pueblos.
- Los Alcornocales (Cádiz): Alcornoques y quejigos. Otoño suave, verde mezclado con ocre.
Cuándo ir
El "foliage" español tiene su propia temporada:
- Hayas: Segunda quincena de octubre. Depende del frío y las lluvias.
- Robles: Noviembre. Son más tardíos que las hayas.
- Castaños: Octubre-noviembre. Coincide con la recogida del fruto.
- Norte vs Sur: El norte cambia antes. Los bosques del sur (Cazorla, Grazalema) aguantan hasta diciembre.
Consejos para la escapada otoñal
- Madruga: La luz de mañana es la mejor para fotografía. Y evitas masificaciones.
- Lleva capas: El otoño es imprevisible. Puede hacer sol y frío, o llover sin aviso.
- Calzado: Los bosques están húmedos. Botas impermeables o prepararte para pies mojados.
- Respeta: No salgas de los senderos marcados. Los bosques protegidos lo están por algo.
Y un último consejo: no vayas solo a hacer fotos. Siéntate, escucha, mira cómo caen las hojas. El otoño en el bosque es una experiencia sensorial que no cabe en Instagram. Llévate el móvil, pero también el silencio.